jugando al estratego


En Bruselas, los periodistas nos guiamos por estereotipos nacionales. Ha ocurrido siempre. Recuerdo lo mal que lo pasé, siendo corresponsal en Berlín, cuando el gobierno de Aznar dejó sin dormir toda una noche al canciller Schröder y a todos sus colegas europeos porque España reclamaba más dinero de los fondos europeos.

Europa quiere más peso en las escena mundial.

Europa quiere más peso en las escena mundial.

Decía que lo pasé mal porque en las cumbres se reproduce, entre colegas periodistas, el mismo escenario que dentro de las reuniones. Y si los irlandeses votan no a Lisboa, los corresponsales nos cebamos en los compañeros de la prensa irlandesa. Así, cuando te invitan a una mesa redonda, o cuadrada, los organizadores tienen muy en cuenta el equilibrio entre europeístas (etiqueta que llevamos con gusto los españoles) y europesimistas (casi de exclusividad británica). Aquella fría madrugada de 1999 en Berlín, lo juro, todos me consideraron un apestado por culpa de Aznar.

Un exquisito comentario publicado en el Finantial Times (La trama de Europa par conquistar el mundo) merece que nos paremos a considerar hasta qué punto la crítica a Europa puede ser estimulante y positiva. Porque es verdad que hay mucha retranca en el artículo de Gideo Rachman, pero me parece peligroso para la democracia que cuando alguien escribe algo crítico contra el parlamento Europeo o contra la Comisión enseguida se pueda decir, para ningunearlo, que ese corresponsal es un europesimista.

España comienza en enero su mandato al frente de la Unión Europea con la vista puesta, entre otras cosas, en el Servicio Europeo de Acción Exterior. Ni más ni menos que el despliegue de embajadores en centenar y medio de países sustituyendo a los 160 jefes de delegaciones de la Unión en todo el mundo. Se dice que ese nuevo instrumento de la creciente influencia europea comenzará a finales de 2010 con la apertura de embajadas en Nueva York, Kabul y Addis Abeba.

Para la prensa británica, crítica pero no contraria a la pertenencia del Reino Unido a la UE, el nuevo servicio exterior europeo y el nombramiento de un presidente del Consejo y un ministro de Exteriores podrían haber cambiado substancialmente las reglas del juego a favor de la Unión y en detrimento de los países miembros. Esa observación, es verdad, podría desarrollar un mayor sentimiento anti-europeo en Gran Bretaña. A pesar de que el principal candidato a la nueva Presidencia es nada menos que Tony Blair.

España no va a tener fácil la tarea de aplicar Lisboa, pero estoy seguro de que tenemos las cosas claras para hacerlo como está mandado. Siguiendo la letra y el espíritu de los tratados en esta Europa renovada que no debería querer conquistar el mundo, pero sí hacerse oír y que nos respeten más.

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