bajo la alfombra


Cuando el comisario entró en la sala de prensa para comentar el plan de austeridad griego, en Bruselas el miércoles pasado, lo último que quería el socialista Joaquín Almunia era hablar de España. Su portavoz Amalia Torres estuvo sin querer ver durante más de media hora el bosque de manos de periodistas españoles que reclamaban su atención. Pero al contestar a un colega portugués, Almunia abrió sin querer la caja de los truenos.

¿Habrá sorpresas bajo la alfombra?

No solo Grecia daba dolores de cabezas a Bruselas; otros países como Portugal, Irlanda y España estaban en situaciones similares, con un descenso de la competitividad de sus economías de sde que entraron en la zona euro. No dijo más Almunia, ya había dicho demasiado.

Hace unos años (cuando aspirábamos al euro) nos pedían de cachondeo en el CLUB MED; hoy hablan de nosotros como PIGS, cerdos en inglés. Aunque se trate del acrónimo de Portugal, Irlanda, Grecia y Spain (no de un insulto), uno se siente mal. Sin embargo, tienen razón en colocarnos dónde nos corresponden: en el furgón de cola. Choca, da escalofríos, nos deja con la boca abierta, pero es así. No somos lo que nos habíamos creído, no estamos donde nos habían dicho que estábamos. Somos los últimos de la clase, el farolillo rojo. Nos cuenten lo que nos cuentan, los números son los números.

Para desgracia nuestra, nos toca liderar la UE en estos tiempos revueltos y como no estamos a la altura, pues se nos nota. Máxime cuando nuestro líder máximo arrancó con ínfulas, creyendo que podía dar lecciones de cómo salir de la crisis. Se lo puso a huevo a la prensa internacional y primero fue la mofa, ahora la dolorosa realidad de los mercados. A ver qué espectáculo damos en la city, o en Frankfurt y París, donde Elena Salgado deberá demostrar… ¿qué va a demostrar nuestra vice económica en los mercados financieros? ¿Que estamos aún en la primera división? Veamos…

La Comisión Europea (CE) propondrá enviar a los inspectores de Eurostat, la oficina comunitaria de estadística, a todos los Estados miembros que no aportan datos económicos fiables, anunciaba el comisario europeo de Comercio, Karel de Gucht. ¿Estaba pensando también en España? De manipular las estadísticas aún no nos habían acusado.

Nadie aceptó en el pasado que Bruselas metiera sus narices en las cuentas públicas, ahora no les quedará más remedio y la nueva Comisión Europea estará ocupada unos meses enviando husmeando en las cuatro esquinas de la UE. A ver qué se encuentran ahora los inspectores de Bruselas debajo de nuestras alfombras.

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