el que vale, vale


Uno de los hemiclos del Parlamento Europeo, en Estrasburgo.

A los europarlamentarios españoles les subieron en julio 4.000 EUR al mes. En total, sus señorías se llevan alrededor de 20.000 brutos mensuales. Pero no quiero hablar de sueldos suculentos de pensiones algo más que ajustadas a las que tienen derecho aunque no lleguen a completar la legislatura, vengan mucho por Bruselas o asistan a las reuniones y plenos a los que deberían estar obligados.

No se trata de lanzar una puya contra los españoles, que no son de lejos los mejor pagados. El esquema se repite en los 785 eurodiputados de los 27 en el parlamento más grande del mundo mundial. Sean de derechas o de izquierdas, y salvando todas las honrosas excepciones que ustedes quieran (y un par más de propina), lo que todo el mundo ve es que no suelen ser los mejores y más preparados los que aterrizan por Bruselas.

En estos comienzos de legislatura europea, vemos muchas almas en pena. Miles de experimentados lobbistas comen de su trabajo influyendo en las leyes que salen de este hemiciclo, que no suele estar tan lleno como en la foto. Y los eurodiputados y sus grupos políticos se dejan seducir por todo el que se acerque ofreciendo algo. ¿Estamos hablando de sobornos? No, hombre no. Todo es más sutil y más elegante. El sentimiento, de todas maneras, es que se legisla mirando demasiado a los grupos de presión, especialmente si representan a grandes consorcios comerciales, sea la industria de la energía o las compañías aéreas.

Claro, luego la gente tiene que ir a votar, cada cinco años. Y suelen quedarse en casa. Pa qué vamos a votar. Que no acusen de anti-europeísta. Yo soy europeo y me gustaría que Europa fuera lo que dice ser y lo que puede ser. Para eso hace falta que tengamos aquí los mejores. En el Parlamento, en el Consejo, en la Comisión. Necesitamos más líderes y menos políticos blandengues.

Anuncios