gorby no tiró el muro


gorbachov_mauer_wall_muro

Mikhail Sergeyevich Gorbachev en el muro de Berlín, meses después.

Los alemanes del Este gritaban “Gorby, Gorby” en las calles de las principales ciudades de la RDA aquel 7 de octubre de 1989, en el 40 aniversario de la RDA. El líder soviético quería cambios para que el Imperio no se derrumbara; él no habría echado abajo el Muro, pero con un halcón en el Kremlin a lo mejor las tropas rusas sí habrían salido a la calle hace 2 años en Berlín.

Gorbachov, como Honecker, llegaba tarde, y la vida lo iba a castigar también. Pero hasta que apareciera el oportunista Jeltsin y los tanques salieran a las calles de Moscú y bombardearan la ‘Casa Blanca’ y viviéramos el fin de la Unión Soviética, Gorbachov aún creía que el comunismo podía sobrevivir.

En 2006, pasé dos días con Gorbachov en Granada, en el Hotel Alhambra. Lo estuve observando esos dos días, yendo y viniendo con su ayuda de cámara calvo siempre a menos de dos metros, para intervenir con medicinas y aparatos si le fallaba el corazón, que tenía flojo. En ese momento no me pareció que Gorbachov tenía la talla. Es verdad que había perdido a Raisa, que era su apoyo moral. Y había perdido el glamour delpoder.

Cuando lo entrevisté para TVE, en Granada, Gorbachov no era ni la sombra de aquel Gorbachov que conocí cuando era corresponsal en Bonn y era aclamado por los alemanes occidentales también con “Gorby-Gorby” en su visita oficial de 1988.

Vuelvo a leer en “El País” las declaraciones de su ministro de Exteriores, en junio de 1988. El georgiano y (entonces) carismático Edvard Shevardnadze se lavaba las manos con el tema de la división de Berlín y de Alemania: “Cuestiones que hoy no pueden ser objeto de la política práctica deben ser decididas en el futuro por la historia”, recogía el corresponsal Hermann Tersch en su crónica.

Ese día estrenábamos en la corresponsalía de Bonn un microfono inalámbrico. Y con él en la mano me fui hacia Gorbachov sin pensar que conseguiría acercarme. Para mi sorpresa, y el asombro de Esteban González, el cámara de TV, Gorbachov se volvió hacia mí cuando grité ‘Mr Gorbachov’ un par de veces. Los guardias de seguridad me dejaron pasar y pude plantearle tres preguntas, en inglés.

Intento hacer memoria de lo que me dijo, porque no se quedó nada grabado para desesperación de Elena Martí, la jefa de Internacional del Telediario, que me había visto micro en ristre (pero sin pilas) hablando con Gorbachov en el directo de la ARD que llegaba por Eurovisión a Torrespaña.

Gorbachov fue bastante críptico en sus respuestas en un inglés chapurreado. No recuerdo haberle preguntado por el Muro de Berlín, pero sí me interesó conocer su sentimiento al verse aclamado por aquella multitud en la capital de la Alemania capitalista. El líder soviético, eufórico, apartando aún más a los escoltas del KGB, se fue acercando a mí para transmitir un mensaje de esperanza. Porque él creía en el pueblo, en los pueblos, me decía; y en el diálogo… Tal vez también me habló de la perestroika, pero confieso que no sabría recuperar ahora sus palabras.

Mikhail y Raisa en el balcón del ayutamiento de Bonn (RFA) en junio de 1988.

Mikhail y Raisa en el balcón del ayutamiento de Bonn (RFA) en junio de 1988.

Cuando cayó el Muro de Berlín, que ni los más optimistas habían podido predecir, me acordé de esos pocos minutos con Gorbachov en Bonn, de su poder de convicción. Entonces aún lo tenía. Y pensé, en esos momentos de emoción, que el Muro caía porque Gorbachov lo había tirado. Luego me di cuenta de que estaba equivocado.

El Muro no lo tiró Gorbachov. Ni tampoco la frase de Reagan en la Puerta de Brandemburgo. Ni la perestroika, ni la glasnot… ni el error de Schabowski. El Muro lo tiraron los alemanes del Este cuando dejaron de tener miedo y pidieron asilo en las embajadas de la RFA en Budapest, en Praga y enVarsovia. Y cuando los que se quedaron salieron la calle en unarevolución pacífica que se aprovechó de la debilidad del régimen.

Gorby era un comunista convencido y nunca acabó de digerir lo que había pasado. Ni en Berlín ni en Moscú, cuando el comunismo se derrumbó. Reconvertido a la social-democracia, con sus buenos ingresos por las conferencias y los anuncios de Louis Vuiton, Mihail Gorbachov no me supo explicar en el Hotel Alhambra de Granada por qué cayó el Muro y por qué se desintegró la Unión Soviética.

Anuncios