visa-frei bis shanghai


El 4 de septiembre de 1989 comienzan las manifestaciones de los lunes, en Leipzig, por la tarde, a la salida de misa. Es el inicio de la revolución de otoño en Alemania  del Este.
Pancarta en la manifestación de los lunes: "Somos un pueblo".

Pancarta en la manifestación de los lunes: "Somos un pueblo".

Ese primer lunes, un millar de personas concentradas en la plaza de la Nikolkirche gritan “Stasi raus”, y “Reisefreiheit statt Massenflucht”. Fuera secretas y libertad para viajar en vez de fugas masivas. Estos alemanes del este que comienza la revolución de otoño no se quieren ir al Oeste, pero reclaman democracia.

El régimen golpea duro al pueblo disidente siete días después, el lunes siguiente. Pero la brutal intervención de los antidisturbios en Leipzig no acaba con la manifestación de los lunes. La semana siguiente serán ya 8.000 los manifestantes: la ola empuja, imparable, mientras cada día cientos de alemanes del este se siguen refugiando en las embajadas de la RFA en Budapest, Praga y Varsovia: los tres países más abiertos a los nuevos tiempos que impulsa la perestroika de Gorbachov.

La Oposición había estado creciendo lentamente, pero firme, alentada por la iglesia evangélica. En los oficios de los lunes, los pastores alentaban la resistencia pasiva y la no violencia. Era un movimiento patriótico, incluso nacionalista. No era la reunificación lo que se pedía sino la libertad. De esos círculos cristianos saldrían los primeros partidos, que luego se irían diluyendo en las fuerzas políticas del Oeste.

El grito “wir sind das Volk”, somos el pueblo, salió de estas manifestaciones en Leipzig y fue coreado pronto en las cuatro esquinas de la RDA. Fue el eslógan más oído en aquella revolución pacífica, junto con aquel otro: el muro tiene que desaparecer, mucho más rítmico y contundente en el idioma de Goethe: “Die Mauer muss weg”.

La manifestación del 4 de noviembre de 1989, fue la confirmación de que el régimen de la RDA había perdido frente a la presión popular.

La manifestación del 4 de noviembre de 1989, fue la confirmación de que el régimen de la RDA había perdido frente a la presión popular.

Las demostraciones de los lunes desembocaron en la gran concentración de Alexanderplatz, el 4 de noviembre, en la que llegó a tomar la palabra para prometer reformar el mismísimo Schabowski, comisionado por el Comité Central del SED. Allí, en el centro histórico de Berlín, junto a la torre de la televisión del Este, medio millón de alemanns del Este dejaron claro, y lo dijeron bien fuerte, que ellos no se querían ir. Pero exigían libertad y democracia. Y que se abrieran las fonteras para poder viajar.

Democracia, ahora o nunca, decía una pancarta. “Visa-frei bis Shangai“… clamaba otra. Incluso la DDR-Fernsehen, la televisión oficial, retransmitió el acto. Era el principio del fin. Erich Honecker había tenido que dimitir, pero al nuevo, Egon Krenz, lo pintaban en las banderolas como un lobo disfrazado de abuelita. Las reformas, fueran las que fueran, llegaban tarde: el pueblo pedía más.

Visa-frei bis Shanghai. Simplemente, libertad.

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