así cayó el muro


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Tenía que haber durado 100 años, pero aguantó 28. Fueron demasiados. En 1999, diez años después de la caída del Muro de Berlín, la televisión alemana recogía las imágenes inéditas rodadas por nosotros entre las 8 y las 10 de la noche del 9 de noviembre en las calles desiertas de Berlín-Este. 'Als die Mauer fiel', de la ARD, es un impresionante documental que recorre minuto a minuto las horas anteriores a la caída del Muro. En su estreno, en el Zoo Palast de Berlín, TVE fue invitada de honor y pudimos leer con orgullo en la gran pantalla de la Berlinale: "Estas imágenes inéditas fueron rodadas por un equipo de la Televisión Española." Éramos nosotros.

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elmurodeberlin.eu

Los alemanes del otro lado no se podían creer que un pasaporte válido el Gobierno de Egon Krenz, el liquidador, les abría las puertas del Muro. Recuerdo esa noche en el otro Berlín a una familia (padre, madre y una niña de 9 ó 10 años), con chapas de Gorbachov en la solapa y lágrimas en los ojos. Los entrevistamos apoyados en una verja, frente a la Puerta de Brandemburgo. Eran alemanes del Este y apenas podían hablar.

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No se lo creían. ¿Cómo se lo iban a creer si habían vivido durante décadas con la mentira y la manipulación como divisa? Lo que les acababan de contar por la tele no podía ser cierto., tenía que ser otra maniobra del régimen comunista. Y aunque esta vez lo fuera, nadie se lo creyó y los alemanes del este siguieron en sus casas hasta que vieron las imágenesen directo de la televisión del otro lado enfocando al Muro, esperando que se alguien se decidiera a salir.

Hablando con esa familia, casi a oscuras, iluminando apenas con el foco de la cámara que no tenía ya mucha batería, la pequeña acertó a decir muy tranquila: “Mi mami dice que pronto vamos a ver la abuela, que está en Düsseldorf.”

Mi director de Informativos de entonces, Diego Carcedo, me fulminaba 48 horas después y yo perdía el privilegio de ser corresponsal en Alemania porque me había ido a buscar la noticia antes de que llegara su permiso. Un permiso que jamás habría llegado. Violar el principio de autoridad fue más grave que el mérito de ser los primeros en llegar a la caída del Muro.

Todavía recuerdo las dudas al teléfono del editor del telediario en la madrugada del 8 al 9 de noviembre, cuando las calles de Berlín-Oeste estaban ya a rebosar de alemanes del Este… Martín Mateos no quería ni directo ni crónica: “Siles, ¿estás seguro de que han abierto el Muro? No te lo estarás inventando”, me decía el incrédulo editor, por teléfono.

Creo que hicimos crónica, pero el directo se lo comieron aunque estuviéramos viviendo unas horas históricos al pie del Muro: “los mejores momentos de mi vida como corresponsal”, he escrito luego. Unas horas más tarde, en el telediario matinal, recuerdo cómo se me ponía la carne de gallina al saludar desde Berlín a toda España con el ¡buenos días! más sentido que haya dicho nunca jamás.

Era el 10 de noviembre de 1989, el Muro había dejado de existir esa madrugada y Berlín amanecía libre por primera vez en más de 28 años.

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