la crisis de las embajadas


En junio de 1989, los ciudadanos de la RDA empiezan a abandonar el país. Como no pueden ir hacia el Oeste, encaminan sus pasos hacia los países hermanos del socialismo: Hungría, Checoslovaquia, Polonia… y se refugian en las embajadas de la RFA: quieren irse al Oeste y piden al Gobierno de Bonn que les den asilo.En la embajada de la RFA en Praga, verano de 1989

En la embajada de la RFA en Praga, verano de 1989

diario de un muro

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En la embajada de Alemania Federal en Budapest, los alemanes del Este había venido como turistas y están apostados en las puertas de la representación diplomática occidental a la espera de que alguien tomara la decisión política, que no llegaba. Entre los refugiados, claramente identificados por los demás y claramente identificables por su pinta de mafiosillas, pudimos ver el comportamiento de varios miembros de la policía secreta del Este, infiltrados entre los que buscaban una nueva vida en la RFA.

Esos stasis se dedicaban a provocar a la gente, incitándoles a acciones violentas contra la embajada, que no abría sus puertas. Querían desacreditar a aquellas buenas gentes, en algunos casos familias enteras, que habían huido de la RDA. Desde allí, cansados de esperar, la gente se iba organizando. Pocos, que yo sepa, volvieron a casa. Los más, se fueron a la frontera con Austria porque por allí les habían dicho que se podía cruzar en la oscuridad de la noche.

Los soldados húngaros tenían orden de no disparar, pero alguno se divertían haciéndolo y no dejaban de oír disparos (esporádicos) durante toda la noche. Al otro lado de la línea fronteriza, a orillas del lado Neusiedler See, la Cruz Roja austriaca atendía en tiendas de campaña a los que habían pasado esa madrugada, algunos de ellos, los más valientes, incluso nadando.

En otras capitales del Este, entretanto, siguen llegando ‘turistas’ de la RDA. En Praga y en Varsovia fueron ese verano los más numerosos después de Budapest, donde en el mes de agosto el ministro del Interior anunció que se abrían las fronteras para todos los que quisieran salir. Animados por la noticias, que veían por la televisión de Alemania Occidental, más y más alemanes del este se echaban a la carretera en busca de la libertad, pasando por las embajadas.

Bonn tiene que intervenir. No se ha sabido aún qué pagó el Gobierno federal a Berlín-Este para que permitieran el viaje a la RFA sin provocar un conflicto diplomático grave con los camaradas del Este.

El acuerdo pactado con la RDA suponía embarcar a todos esos refugiados en trenes especiales, desde Praga y Varsovia sobre todo, camino de Occidente. Con esta medida se intentaba, por ambos lados, evitar daños mayores soltando vapor de la olla a presión. El efecto fue el contrario. Al pasar los trenes con puertas y ventanas selladas por las estaciones del Este, miles y miles de alemanes del Este quisieron subirle a bordo y huir con los que ya estaban dentro.

En las calles de la RDA, la tensión sube. Ya se hablada de revolución, pero el Muro de Berlín seguía ahí, provocando y poniendo en peligro la convivencia. El 7 de octubre está Gorbachov en Berlín-Este, para asistir a los actos en recuerdos de los 40 años de República Democrática. El líder diría una frase, que la calle entendió: “A quien llega tarde, la vida lo castiga”. Esta escena de “Good bye, Lenin” nos muestra una escena lo que pasó en esa visita de Gorbachov, con el régimen comunista impotente para neutralizar el descontento popular.

Faltan muy pocos días para que caiga el Muro de Berlín.

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diario de un muro

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