han pasado 8 años


Ocho años han pasado desde el gran golpe. Zás. Se acabó. Y de repente, la nada. Blanco, gris, negro y el azul del cielo. ¿Qué pasaba mientras tanto al otro lado del océano? En cuestión de horas, en cuestión de minutos o en cuestión de segundos, según los casos: unos cuantos apenas tuvieron un momento para respirar, sólo expirar bruscamente. Otros veían cómo el mundo se les venía encima. Otros, cómo se les deshacía bajo los pies. Y otros tantos, como se les desvanecía a golpe de llama. En esos instantes, el mundo se paraba. Un breve silencio. En seguida, las luces se encendieron y las sirenas sonaron. Sonaron tan fuerte que hicieron pitar los oídos. [georgina mombo]

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La redacciones se pusieron a todo gas, ¡manos a la obra! En milésimas de segundo, todas las emisiones, casi al unísono, dieron paso a los informativos. Los grandes rostros del Periodismo se pusieron frente al pronter a analizar lo sucedido en tiempo real. Una torre, dos torres. Increíble. En las calles, en los bares, en las tiendas, en los despachos, en las consultas. No se hablaba de otra cosa, ¿cómo osar hacerlo?

Nada de guiones, nada de texto. Todo se limitaba a la retransmisión e interpretación en estado puro. Con lo puesto, todos para adelante. No hubo opción. Estaba pasando y ya está.

Hubo un encogimiento de corazón universal. El planeta empatizó con el gran golpe. Con las pérdidas, con los gritos, los llantos, la rabia y el odio. Fue tan real que casi podía tocarse a través de las pantallas. A más de diez mil kilómetros, podíamos sentir el humo a través del televisor. El olor a quemado, el olor del miedo, el olor de la desesperación.

Pero mientras el mundo se paraba y se agitaban constantemente, tuvo lugar un nacimiento. Para unos inesperado y para otros, quizá, buscado. Ese día nacieron dos niños. Pequeños, redonditos. En cuestión de días y semanas  crecieron descomunalmente. Los vimos a través de los mismos televisores con los que vimos, tocamos y sentimos el gran golpe. Todo, desde la otra orilla.

¿Los nombres? Bueno y Malo.

El resto, ya lo conocemos todos.

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