la tercera oreja


▲▲▲

elmurodeberlin.eu

[blip.tv ?posts_id=1505946&dest=-1] Si me lo permiten, discrepo. Lo de la ‘responsabilidad colectiva’ es una absoluta majadería. O por lo menos, una inmoralidad. No es fácil tirar la primera piedra, incluso para quienes no hemos tenido nada que ver ni con el franquismo ni con el comunismo ni con nada de nada. Tenía yo… ¿16 años? cuando visité por primera vez Alemania. Entonces no sabía ni alemán, ni francés, ni inglés… ni ná de ná. ¿Qué podía saber yo viniendo de Almería? Aunque vengas de Barcelona y hayan pasado 25 años: no se ha avanzado demasiado en esa asignatura pendiente de los idomas en España. Yo era un adolescente encandilado por las chicas guapas que me rodeaban en aquella escuela de Medios de Comunicación, en Remscheid (Renania del Norte-Westfalia)… y frustrado por las dificultades evidentes de comunicación, por el ‘quiero y no puedo’, que eso de que se liga con extranjeras sin saber idiomas: algo salió, pero vamos, que no.

Lo más humillante no era eso: lo peor es que, cuando se enteraban de que eras español, era inevitable: todo el esfuerzo de una soirée se iba al carajo cuando te soltaban aquel reproche, porque era un reproche, y ya ni de coña te comías una rosca: ¡Franco!, decían una y otra vez, como si todas se hubieran puesto de acuerdo y tú fueras un apestado. Lo confieso: en esa visita a Alemania odié a Franco con todas mis fuerzas. Fue en ese momento cuando comprendí lo significa ser un dictador. Y me preguntaba yo entonces, igual que me pregunto ahora: “¿Qué me contaban aquellas titis?” No hay culpas colectivas, para nada, pero el balance de más de 40 años de supuesta ‘dictadura del proletariado’ en Alemania del Este no deja títere con cabeza. [blip.tv ?posts_id=1505707&dest=-1]

Hemos visto el vídeo y hemos recordado el estado policial que padecimos personalmente, incluso tengo las actas que el chivato de turno dictaba cada vez que yo iba a hacer algún reportaje para TVE en la otra Alemania. Pienso que no ha tenido que ser fácil digerir todo eso, porque ahí no se escapa ni el apuntador. Al checo Milan Kundera, que yo leía en mis años de París con entusiasmo, también le han sacado un supuesto chivatazo a la ‘secreta’ de cuando estudiaba en Praga. No sé cuantas veces he visto ‘La vida de los otros’: en alemán, en inglés, en español… solo, con mis hijos, solo otra vez. Siempre encuentro algo nuevo, y siempre me da escalofríos pensar en todos esos alemanes del Este que eran mis amigos y que seguro tuvieron que desembuchar antes de volver a casa, porque no había más tu tía que hacerlo, si querías sobrevivir. [blip.tv ?posts_id=1506082&dest=-1]

Soy consciente de la fragilidad humana, de lo rápido que puedes pasar de héroe a villano. De lo difícil que es seguir, de lo inevitable que puede resultar el suicidio para personas sensibles, frágiles como Christa Maria Sieland. Por eso cuando veo decir, en el blog de enfrente, que todos tenemos que pensar en la periodista Anna Politkóvskaya, asesinada por escribir la verdad, me doy cuenta que he elegido la profesional más difícil, pero también la más hermosa. Aunque nunca he tenido que elegir entre que me puedan matar, quitarme yo la vida o escribir una crónica. Nosotros tenemos mucho menos mérito, Laura.

Anuncios