el día siguiente


Una empresa de supermercados del Oeste regala tabletas de chocolates a los alemanes del Este que acaba de llegar. Estamos en la Bernauerstrasse, donde hubo tantos muertos intentado saltar el Muro. Son las 10 y pocos minutos de la mañana de un frío pero soleado sábado de noviembre en la antigua capital de Alemania. Doce horas antes caía el Muro.[blip.tv ?posts_id=1445034&dest=-1]

Me gusta decir que si el Muro de Berlín cayera esta noche, nosotros ya estaríamos allí. En 1989, era corresponsal de Televisión Española en Alemania, en Bonn: la entonces capital de la RFA, a más de 600 km de aquí. Habíamos desplegado un operativo en los dos berlines, esperando que pasara algo importante porque la revolución estaba en la calle. Por eso fuimos los primeros en llegar. La televisión alemana, que luego utilizaría nuestras imágenes en el espléndido y exhaustivo reportaje sobre las horas que precedieron a la caída del Muro: “Als der Mauer fiel“, ARD, 1999, que recogemos al final de esta informe.

He recuperado la secuencia de la Bernauerstrasse porque no hacen falta palabras para describir esos momentos históricos que cambiaron Europa y el mundo. Van a ver, entre estas imágenes sin montar las distintas versiones de la ‘entradilla’ que utilicé ese 10 de noviembre de 1989 en la crónica del telediario de las 3 de la tarde.

No puedo ocultar la ‘empanada’ de 36 horas sin dormir ni el escalofrío de vivir momentos irrepetibles. Siempre digo, que aquella noche en Berlín pude vivir los momentos más hermosos de toda mi vida de corresponsal. Lo que pregunto al cámara (en alemán) es si está viendo el muro (!); luego insisto en si está grabando cómo pasa la gente (?); y por fin, si no está muy cerca la cámara.

En otro momento de la entradilla tenemos que volver a empezar porque hablo en diagonal, mirando al micro. Cuando los corresponsales de televisión hacemos crónicas para el telediario, nuestro speech no suele salirnos a la primera: hay que repetir (y repetir) y muchas veces grabamos auténticas burradas, que evidentemente nunca salen al aire. Cientos de miles de alemanes del otros lado pisan por primer vez Berlín-Oeste en busca de su primer ‘picnic’ en libertad. Por unas horas, Berlín Oriental se queda literalmente vacío.

Anuncios