mentiras no, gracias


pinochoDíme cuánto mientes y te diré quién eres. Mi blog se está convirtiendo en una especie de memorial de agravios, y vive dios que no me está gustando nada. Yo que me metí en esta aventura de la agencia de corresponsales para pasármelo bien, estoy acabando entre mafiosillos, mentirosos, tramposos y morosos. No soporto la mentira, con o sin  sexo (y cintas de vídeo)… Mentir me parece repugnante, aunque muchas culturas (empezando por la mía) la consideren parte del patrimonio de la Humanidad y mentir se haya convertido en deporte nacional. Cuando alguien me miente por una nimiedad, todas mis alertas saltan: puede molestarme el mal aliento, el sobaco sin ducha diaria, incluso el tabaco y hasta que me levanten una chica guapa; pero la mentira… NEIN, DANKE!

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el dedazo de televisa

el cubilete

josé-maría siles con carmen aristegui

la historia no me absolverá

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Richard Nixon tuvo que dejar la Casa Blanca, sin terminar la presidencia por decir que no sabía, por mentir a millones de norteamericanos. Pero eso ocurre en el mundo anglosajón: nosotros, pobres latinos, mentimos o nos dejamos engañar y nos quedamos tan panchos. Hoy por tí, mañana por mí; ahora niego que me han regalado unos trajes para que yo, presidente de no-sé-qué, apoye la adjudicación de contratos millonarios… y después me desdigo y te acuso a ti de haber mentido más que yo, ¿qué pasa?

Pues pasa que llegan las nuevas generaciones y crecen en medio de mentiras piadosas que se convierten primero en la norma y después en delito. Uno tiene la impresión de que decir la verdad empieza a estar mal visto: por lo menos en algunas profesiones y en algunas sociedades. Los políticos, en España, los primeros… pero ¿hay muchos que puedan tirar la primera piedra? En México desde luego que no. Yo por ahí… no paso. Tell me no lies.

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