juicio en burgos


gc1EL AÑO PASADO viví una corta luna de miel con la guardia civil española y escribí, entusiasmado, una entrada de mi blog sobre ‘tricronios en Bruselas’. Nuestro amor, en este caso, no ha durado tres años. No ha podido ser: hay una gran diferencia entre tratar con capitanes guardias civiles a vérselas con agentes como el cabo Rodrigo, cuyo cumplimiento (mal digerido) del reglamento, sin pasarlo por la materia gris, me ha costado injustamente varios centenares de euros y muchas molestias.

No, no se trata de multas de tráfico, que beso ese dinero cuando me toca pagar pensando en los muertos que nos estamos ahorrando con tantos accidentes de tráfico menos. Estamos hablando (pienso) de abuso de autoridad y de negligencia profesional, o por lo menos de falta de professionalidad. ¿Les cuento? 

Seré breve, me tienen harto… Mira que tenía yo bien colocada en mi escala de valores a la GC después de haber hecho no-sé-cuantos reportajes con ellos en misiones humanitarias. Bueno. Camino de Bruselas después de las pasadas Navidades, una patrulla de la GC me paró antes de Burgos por utilizar el móvil conduciendo: multa, 7 puntos menos del carnet y escoltado al cuartelillo.

¿Qué pasaba? ¿Por qué se les cruzaban los cables a esos hombres? Un individuo que decía llamarse José-María Siles y ser periodista conducía un coche con matrícula belga, carnet internacional del Estado de Nueva York (fui corresponsal de TVE), pasaporte con dirección en Bruselas (también trabajé para TVE desde la UE) y un DNI con domicilio en Manzanares: mi domicilio legal en España… porque vivo legalmente en España.

En el cuartelillo, paso de contarles la arrogancia, la intolerancia, la intransigencia: el Cabo 1ª con TIP número Z18529C, perteneciente a la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil de Burgos me trató con despecho cuando comprobó en el sistema que yo tenía permiso de conducir europeo, pero no lo llevaba encima. Desde luego, no podía ser un ciudadano normal con tantos papeles de tantos países. Incluso me llegó a tirar la driver license de NY a la cara con la amenaza de que con aquella fantasía (sic) iba a tener problemas. Habían comunicado a la policía de los países Schengen que un delincuente (yo mismo) andaba suelto, conduciendo con carnet.

Pero no me dejaron conducir. El cabo Rodrigo, inmovilizó mi vehículo y no me dejó otra alternativa que ir a buscar los papeles a Bruselas. De vuelta dos días después, sus compañeros de la Agrupación no se lo podían creer. ¿QUe yo había tenido que ir a Bruselas a buscar el carnet? ¿Por qué. Señores, porque vivo en Bruselas. Presenté mi carnet de conducir europeo, acompañado de un testigo, y me autorizaron a retirar el vehículo que había estado dos días aparcado en el sótano de un hotel en las afueras de Burgos, frente a la Agrupación de Tráfico.

Poco después llegaban las multas y la noticia de un juicio de faltas que me comunicaba el Juzgado de Instrucción de Burgos, ante el que me tuve que defender por supuesta desobediencia a la autoridad. La autoridad, el cabo Rodrigo, había instruido atentado contra José-María Siles alegando que me había llevado mi coche de manera ilegal (sic).

El teniente Medel, comandante de la Agrupación, no salía de su sorpresa pero no pudo hacer nada: su subordinado se negó a retirar la denuncia. Unos meses después se celebró el juicio en Burgos y un juez razonable me absolvió de toda culpa. Las cargas del juicio las tendrá que pagar, supongo, el Estado… todos los españoles.

Del paso del grupo de capitanes con tricornios por Bruselas, me había quedado una buena amistad en la Academia de Oficiales de Aranjuez. Con ellos tenía el compromiso de dar charlas sobre Europa a futuras promociones. Ahora sé que no voy a dar ninguna charla ni ningún  máster (ni nada de nada) a mis queridos guardias civiles. Nunca más. Porque no, por principios.

Un juez acabó por darme la razón. Que Dios y sus mandos perdonen al cabo Rodrigo.

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