los grises


La histórica imagen (Barcelona, febrero de 1976) es de Jordi Socías. Detrás de la imagen hay un vídeo con una entrevista de Mara Torres a Raimon, en La 2 de TVE, donde podemos también ver las imágenes de policías nacionales (los grises) apaleando brutalmente a manifestantes de Barcelona que pedían “llibertat, amnistia i estatut d’automia” convocados por la Asamblea de Catalunya unos meses después de la muerte de Franco.

A mí también me reservaron, ese día, una buena ración de palos… y el final de mi sueño de camarógrafo. Después de que me rompieran la arriflex prestada y le robaran la cámara de fotos a mi compañero de “Equipo Dos”, me dediqué por unos años al periodismo escrito, a aprender el oficio en el Diario de Barcelona mientras estuviera Ciencias de la Inform,ación en Bellaterra.

Es que a mí me pasa lo contrario que a Pérez Reverte: que si hay un fregao y estoy cubriéndolo, seguro que me caen todos los palos… Cuando años más tarde me explicaba mi amigo Arturo, en Torrespaña, la teoría del ‘territorio comanche’ me di cuenta lo gilipollas que había sido yo en aquella primera gran manifestación tras la muerte de Franco… porque en vez de correr, como corrían todos, yo seguí allí plantao rodando a los de la porra y, además, con un jersey rojo.

Yo venía de teorizar sobre cine, bajo la dictadura, todavía en los veinte. Pero no nos gustaba gustaba la teoría; ni siquiera la progre, la  revolucionaria que decíamos: la de un libro es un arma, una cámara es un arma… y demás parafernalia con la que se nos llenaba la boca.

Luego he leído tesis doctorales sobre la época y, claro: nos tratan como guerrilleros con el machete de 16 mm: los maquis del audiovisual… Todo mentira, claro. A mí me detuvieron los grises, en Barcelona, junto a un centenar de personas (estudiantes universitarios la mayoría) en una manifestación en la que se pedía “Llibertad, amnistía, estatut d’autonomía”.

Estaba rodando con una arriflex de 16 mm que me habían dejado los de la Asamblea de Cataluña, que luego supimos que como casi todo en la calle, controlaba el PSUC… Pero fueron tiempos maravillosos en los que pensábamos que la democracia era la panacea universal, que iba a resolver hasta nuestros problemas de acné. Fueron los tiempos de la ilusión, de los besos en la calle con desconocidas ‘revolucionarias’ (como tú) y del delirio de las velas en estadios a tope con Luis Llach… y L’Estaca, lo mismo Raimon y ‘Al Vent’. Franco, no lo olvidemos, acababa de morir.

En fin, que yo estaba donde había que estar, pero que nadie tenga la tentación de calificarme de luchador anti-franquista, por favor; porque me da la risa. ¡Pero si éramos unos críos!

Claro que no queríamos dictaduras, claro que la palabra ‘libertad’ nos sonaba muy bien, pero no conocíamos nada más que lo que teníamos… y todavía no se había muerto Franco, pero ya leíamos libros prohibidos y nos íbamos a Perpiñán a ver ‘El último tango en París’. Lo que pretendo decir es que no arriesgamos el pellejo, ni mucho menos (ninguno de nosotros) para hacer nuestras peliculitas ni nuestras obras de teatro-protesta… pero es verdad que no nos gustaba lo de la censura, ni lo de las los tres tercios de las Cortes, ni lo del sindicato vertical que, entonces, no sabíamos muy bien por qué se llamaba vertical aunque sí supiéramos que eran unos chupatintas babosos.

Pero antes de llegar a todo eso, yo sabía que me tenía que preparar para dar el salto. Era maestro de escuela en un pueblo perdido en las sierras del norte de Almería, donde tenían sus cuevas los hombres del indalo y donde siempre ha nacido el Guadalquivir, aunque nadie se lo tome en serio. Me preparaba, sin saberlo, para otras trincheras haciendo mi primer docu con una súper-8… y teorizando con mi amigo Fernando Pérez (Equipo Dos), para desengrasar.

Y en eso llegaron los verdes… 

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