guay woody


He visto Vicky Cristina Barcelona y me he reconciliado con Woody Allen. Lo tenía fácil conmigo nuestro querido y verborréico director de culto. Casi he visto todas sus películas. Era cuando íbamos de progres por la vida y había que ver el último Woody Allen en los cines de arte y ensayo (primero), en los multicines y en versión subtitulada (después). Luego empezó a cansarme. Era agotador: ¿no se podía callar un rato? Pero pasaron los años y cuando ya nos habíamos olvidado de sus películas, concretados en sus escándalos familiares, llegó Match Point y con ella Scarlett Johansson… y qué quereis que os diga: uno vive una segunda juventud y vuelve a sentirse progre otra vez.

Dadme una coartada y cojo el primer vuelo para Barcelona. Para reencontarme con el Mediterrani, con la luz, con la alegría y con el bullicio de Barcelona.

Era un charnego cuando llegué allí y hoy me siento un apátrida europeo, o tal vez soy un ciudadano del mundo con 27 patrias… incluso más, ¿por qué no? Os dejo la música de Giulia y los Tellarini… y una foto de Scarlett con Javier Bardem: para que todos soñemos un poco.

Entrevisté a Woody en uno de esos hoteles lujosos de Manhattan donde las productoras citan a los periodistas para que, en fila india, vayan entrevistando a los protagonistas y al director de una peli que hay que lanzar. Fue difícil sacarle algo más que monosílabos: un ciezo, Woody.

Luego volví a verlo en su club de jazz, tocando el saxo: ‘pas mal’, pero igual de soso y aburrido. Et pourtant… este hombre lleva la magia del cine en las venas, y la sabe transmitir. No me importa reconocer que es difícil reconocer la obra maestra en la filmografía de Woody Allen (alguna hay); lo que es cierto también, nadie me lo puede negar, es que este hombre ha ido ganando con los años y que sus últimas películas las recordaremos con cariño.

Te quiero, Barcelona.

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